Relato original elaborado para la consigna: narrador autodiegético, cruce metaléptico, ambiente tenso, diálogo directo y más de 15 renglones. Se presenta en 24 unidades separadas, de modo que la extensión mínima no dependa del ancho de la pantalla.
Me quedé solo en la biblioteca para terminar una historia antes de que cerraran.
En mi cuaderno había inventado a un vigilante que recorría un pasillo sin ventanas.
Cuando escribí que sus llaves chocaban contra la puerta, escuché el mismo tintineo detrás de mí.
Dejé de mover la pluma y el sonido también se detuvo.
—Todavía no acabas —dijo alguien desde el otro lado.
Reconocí la frase: la había tachado unos minutos antes, porque me parecía demasiado extraña.
Intenté llamar por teléfono, pero la pantalla mostraba únicamente la página que estaba escribiendo.
Debajo de mi último párrafo apareció una oración que no era mía: “Ahora él mirará la puerta”.
Me resistí unos segundos, hasta que el picaporte empezó a girar y levanté la vista.
El vigilante de mi cuento entró cubierto de un polvo oscuro que olía a tinta.
—Tú me encerraste en ese pasillo —me dijo—. Escribe una salida.
—No puedes estar aquí. Yo te inventé.
El hombre apoyó un dedo sobre el cuaderno y atravesó el papel como si fuera agua.
Sentí que la mesa se inclinaba; al levantarme, mi mano cayó dentro de la misma página.
Un instante después estaba en el pasillo que había descrito, junto al personaje que había salido de él.
Por encima del techo vi la biblioteca, enorme y silenciosa, como si la observara desde el fondo de una caja.
En la mesa permanecía mi pluma, suspendida sobre una frase: “El muchacho no volvió”.
—Bórrala —le pedí al vigilante—. Si termina esa oración, no podré regresar.
—Yo no decido el final —respondió, y sus llaves comenzaron a sonar dentro de las paredes.
Busqué en mis bolsillos y encontré el pequeño lápiz con el que había planeado el cuento.
Escribí sobre el muro: “La puerta conduce al lugar donde empezó esta historia”.
La pared se abrió y regresé a la biblioteca, mientras el vigilante se deshacía en letras detrás de mí.
Cerré el cuaderno con ambas manos y prometí no volver a abrirlo.
Ahora termino de contarte lo sucedido, pero alguien está escribiendo mi nombre al otro lado de esta última línea.
El pizarrón utiliza “tiempo metaléptico”. La interpretación aplicada es el cruce entre niveles de narración descrito por John Pier en Metalepsis, The Living Handbook of Narratology. Si el docente usa una definición particular de ese término, conviene cotejarla.